· Aida González dirige al equipo con un ritmo constante, asegurándose de que la experiencia del cliente sea fluida y armoniosa, sin prisas ni interrupciones innecesarias.
· Apasionada del vino canario, Aida convierte cada recomendación en una experiencia personalizada. Su conocimiento y sensibilidad la llevan a elegir, para cada comensal, la armonía líquida perfecta que potencie su disfrute.
Aida González, originaria de la isla de Tenerife, es cofundadora de Gofio junto a su pareja, Safe Cruz, a quien conoció en el instituto. Antes de adentrarse en el mundo de la restauración, trabajaba en una financiera de un banco y daba clases de jazz. Sin embargo, tanto ella como Safe sintieron la necesidad de mayor libertad y de expresar su propia visión de la gastronomía canaria antes de la globalización y así nació Gofio.
Como jefa de sala, Aida dirige al equipo con un ritmo constante, asegurándose de que la experiencia del cliente sea fluida y armoniosa, sin prisas ni interrupciones innecesarias. Para ella, Gofio no es solo un restaurante, sino una vivencia en la que la sala tiene tanto peso como la cocina. Su filosofía invita a disfrutar y desconectar: dejar el móvil a un lado y sumergirse en los platos, la decoración, el servicio y la música.
Sobre la presencia de la mujer en la gastronomía actual: “Ojalá la mujer tuviese más visibilidad en la gastronomía. Somos las que normalmente cocinamos en casa; las madres y abuelas, tradicionalmente, han sido las que nos han dado tan rico de comer, pero es un sector en el que no se nos reconoce tanto. Mis referentes culinarios siempre han sido mujeres, de hecho, hoy en día lo siguen siendo ya que tengo la suerte de que mi madre trabaja con nosotros y es la encargada de que el equipo comamos tan bien cada día”.
Apasionada del vino canario, Aida convierte cada recomendación en una experiencia personalizada. Su conocimiento y sensibilidad la llevan a elegir, para cada comensal, la armonía líquida perfecta que potencie su disfrute.
Más allá de la gastronomía, la música es una de sus grandes pasiones. Su gusto abarca desde Kevin Morby, The Strokes y Él Mató a un Policía Motorizado hasta Khruangbin, a quienes ha seguido en varias ciudades durante su gira, o Idles, que cumplieron uno de sus sueños al visitar Gofio tras su único concierto en Madrid. Pero su amor por la música no se limita a la escucha: en sus viajes, además de descubrir nuevos restaurantes, busca siempre escuelas de baile donde practicar o experimentar disciplinas como el “trampolín”, tal como hizo en su último viaje a Londres. Con el jazz corriendo por sus venas, nunca pierde la oportunidad de bailar, sin importar en qué parte del mundo se encuentre.
La tinta también forma parte de su vida. Su pasión por el tatuaje viene de lejos y muchas de sus piezas más significativas han nacido en momentos vitales difíciles, convirtiéndose en una forma de terapia. Un ejemplo es el “calado canario” de su espalda, obra de Elisa Debellard, quien supo plasmar todo aquello que Aida necesitaba expresar. La confianza con sus tatuadoras de referencia, casi siempre mujeres, es total, como con Elena de La Dolores, con quien comparte afición por la gastronomía y de quien lleva varias piezas más pequeñas. Para una de sus piezas más especiales ha confiado en Mares, un tatuador surfero con sensibilidad por el budismo que dejó su profesión de bombero por el arte de la tinta y que es el responsable del tatuaje del pirata Amaro Pargo para el que tuvo que viajar hasta Sitges a su estudio, en sus palabras “un sueño cumplido”.
